Palabras

Daniel Lillo Castellanos: Espolones de monolitos

By febrero 12, 2019 febrero 15th, 2019 No Comments

La ubicación en un lomo terrestre del Campo de Montiel que supone ser la cuna del Quijote; su mapa en sí, se considera un lienzo pintado con pinturas propias de la Madre naturaleza y por la mano Divina de Dios a semejanza, y sus confines se encuentran en todo el centro de España, donde afloran nuestras señas de identidad históricas, por eruditos personajes que se dignan ser D. Jorge Manrique, D. Francisco de Quevedo, D. Pedro I de Castilla, D. Enrique de Trastámara, Santo Tomás de Villanueva, D. Miguel de Cervantes y sus ficticias figuras de D. Quijote de la Mancha y Sancho Panza encostradas en esta bendita tierra.

Digamos ser como un fermento germinante de diversidad de especies; que por suerte, se las podemos mostrar al mundo en su autenticidad, por el mágico objetivo de Carlos Barraquete en su originalidad, como lo demuestran estas estampas.

Y abundando más en esta sarta de localismos en rama, no por añadidura ni falacias de pasiones, es por un legado de fortuna y la ocasión en caldeo no puede ser más apropiada.

Porque en el Campo de Montiel la libertad se conjuga con el espacio; la armonía con su linaje; la hermosura con su idiosincrasia; su enclave con su esfera; su precepto con sus logros; su presente con el empeño de futuro; su historia con su enigma y el sosiego con el antídoto de la calma…

El eco es una partitura de coro angelical; los horizontes un espejismo perpetuo; el amanecer antorchas florecientes; el crepúsculo un velo sutil celeste; el murmullo una música de oboes; la naturaleza una estera en suspensión; el silencio una copiosa cosecha; la llanura una pampa vegetal; las cadenas estríbales espolones de monolitos; los valles escrituras en pergaminos; los contrastes flamantes decorados; las montañas fondos de perspectivas; el paisaje retablos afrodisíacos; el paraje un escenario sin telón; los caminos encrucijadas de peregrinos; el cielo una techumbre inmaculada; los astros un dislate placentero; el vivir un acicate y el morir aquí una promesa… en insólito panorama de pureza.

Daniel Lillo Castellanos

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