Palabras

Guadalupe Díaz Muñoz: Subida al cerro

By febrero 12, 2019 febrero 15th, 2019 No Comments

Es un ritual que celebro cada día. Comienzo atravesando los almendros, en dirección sur; subo el pequeño repecho con la mirada en su casa, otrora llena de vida y luz; ahora silenciosa y triste. Sin pretenderlo, mi vista repara en la mancha azul que hay en el banquillo de la entrada y que siempre olvido blanquear: algo que me pidió en varias ocasiones.

Cruzo la era y emprendo la subida al cerro. Voy en silencio, con respeto por el camino que estoy haciendo y, sobre todo, por su destino. En ocasiones, un conejo o una perdiz rompen mi abstracción al cruzarse a mi paso, en alocado zigzag. A uno y otro lado, los romeros y tomillos crecen con exuberancia, especialmente en estos últimos años de lluvias que han seguido a su ausencia.

Llego a la cima con la respiración entrecortada. Allí, con una rápida ojeada, compruebo que todo esté bien; como debe ser, en su sitio. Luego, elevo la mirada al horizonte. El paisaje es de una inmensa belleza pero lo más característico es la serenidad que trasmite. A mi derecha observo el azulado telón de fondo de la sierra; al frente, el manto de la laguna me regala una amplia gama de tonos azulados, desde el pálido en los días invernales, hasta el turquesa de verano, pasando por el azulón y el morado, propios de los días de tormenta. A lo lejos, el valle se extiende, manso y suave, hasta donde la vista alcanza.

A continuación, voy posando la mirada en los cortijos de alrededor; algunos muy antiguos, se elevan solitarios con majestuosa elegancia sobre las colinas. Otros de construcción más reciente, pero en sintonía con el estilo tradicional, se muestran con más vida alrededor.

Finalmente miro hacia el cielo que, en días de atmósfera húmeda, me ofrece una visión extasiante de blancas nubes de diferente especie en contraste con el azul del fondo. Es entonces cuando se me inundan de lágrimas los ojos; paradójicamente, al mismo tiempo, sonrío al recordar sus ojos azules y siento una inmensa sensación de paz, de plenitud, de sosiego. La siento a ella a mi lado, conmigo. Siento su fuerza; siento la vida..

Guadalupe Díaz Muñoz

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